«Amén» vs «le perrage», clasismo en La Ibero

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Más allá de lo que una persona cree, en especial si está en un pequeño pedestal de poder, debe saber discriminar lo que no le gusta porque no combina con su personalidad y creencias, de lo que está bien o mal hecho.

Contexto: estoy por finalizar una Maestría en Mercadotecnia y Publicidad en La Ibero. He tenido algunos percances durante los estudios, entre ellos, que me hackearon y me comenzaron a acosar. Para mí es importante cerrar este ciclo y acabar la maestría independientemente de esta situación, pues me gusta acabar lo que empiezo.

Durante mis estudios en La Ibero me he encontrado con gente de criterio amplio con quienes me he entendido e incluso he entablado algunas amistades. Pero para este profesor de asignatura no hay dos lentes. Hay uno solo, el que tiene sobre los ojos y le impide aceptar un trabajo que no combine con sus ideas religiosas.

Vayamos por partes. La instrucción de este profesor, que se llama Eduardo Durón Araujo, fue: escribe cinco oraciones, en una de ellas dime un dato que no sepa. Es una tarea que se entrega cada martes. Cada clase se ejemplifica con una marca o personaje en el que se aterrizan los conceptos. El del martes antepasado fue Taylor Swift.

Taylor Swift, amén

Hice un juego con la palabra oración, que tiene dos significados: el religioso y el gramatical. En cada oración aludía a algún personaje literario o a algún pensador relevante, como si les dedicara un rezo. Era un juego en el que la oración era una especie de apelación a personas o personajes ficticios destacados. Para rematar el chiste, en la última diapositiva puse: «Taylor Swift, amén».

¿Pues no es esta diosa de la música un ejemplo a seguir en cuanto a gestión de marca? ¿y no está acaso moviendo la economía, cambiando importantes legislaciones relacionadas con la industria musical? Además, ¿no se puede ver también como una crítica a la sociedad de consumo?

Pero es la cereza del pastel de una experiencia desastrosa en La Ibero, pues no se puede hacer un chiste ateo sin que te reprueben. La siguiente clase este profesor se puso serio y dijo muy solemne que alguien había entregado «algo que no se vale». Le escribí una disculpa al profesor porque claramente no supe leer a mi audiencia y esto en vez de verlo como un chiste lo tomó como una gran ofensa.

Cabe señalar que no soy la primera persona que utiliza una oración religiosa como recurso literario, es algo, digamos, común, que no debiera ofender. La palabra amén viene del latín y en ese idioma quería decir «así sea».

Podría entender, si hubiera usado oraciones religiosas o personajes religiosos a modo de broma, que fuera ofensivo. Pero como dije, eran oraciones ficticias, eran un chiste. A mí en lo personal me parece más ofensivo que este maestro califique como «le perrage» (una traducción ficticia al francés de «la perrada», una frase mexicana despectiva) a las personas que no pagan por ir en los asientos premium de hasta adelante en los aviones. Esta foto es de cómo nos dio esa clase: los que van atrás en el avión, según sus términos, son le perrage. Muy persignado pero eso sí, listo para discriminar. Y seguramente si le preguntan, dirá que fue un chiste.

Clase de Estrategia de marca con Eduardo Durón Araujo, en La Ibero, Otoño 2023: si no viajas hasta adelante en los aviones, eres de «le perrage» (o sea, de «la perrada»)

Al ingresar a la Maestría te hacen algunas preguntas con fines estadísticos, entre ellas te preguntan tu religión. No prohiben el ingreso a personas ateas, pero claramente no son toleradas en las aulas de clase. Y creo que de este tipo de pequeñas diferencias comenzó el acoso cibernético, que me ha marcado para siempre.

Le comenté a dos amigos artistas gráficos si consideraban que lo que puse fue ofensivo. Sus respuestas fueron que no, pero que «para la satisfacción de mis editores y productores, estoy acostumbrado a editar, cambiar y/o ajustar el trabajo, no es divertido y a veces es denigrante pero útil».

El segundo monero a quien le pregunté lo mismo me respondió: «no, tú sabes que mi trabajo es de humor negro y creo que este profesor me reprobaría por demás. Creo que más bien esta calificación se trata de una forma de pensar y es una forma de pensar mucho más de derecha… creo que su punto de vista es mucho más como padre que como profesor. Y por otro lado no siento que sea algo fuera de lo común, me es muy familiar porque estoy en el mundo de la escritura del humor negro. No sé si él ha leído a Ambrose Bierce que es un humorista negro, entonces pues no sé, siento que es como si fuera un pensamiento más de derecha porque no fuiste ofensiva ni nada, se me hace normal, natural».

Por otro lado pienso en algunas referencias culturales que hacen uso de este mismo sentido del humor que yo quise aplicar, los libros El Ambiguo Testamento y el Diccionario del Caos, de Fernando Rivera Calderón. Me imagino que ante tanta «herejía» una persona de mentalidad cerrada no puede más que hacerse bolita y entrar en crisis. En tanto series televisivas como Desencanto son cínicas, posmodernas y prácticamente todos los diálogos son bromas de humor negro.

Por tanto concluyo que si bien, todos tenemos sentimientos e ideas propias, cuando se trata de evaluar a otros (y esa evaluación los puede afectar, como lo es en este caso mi calificación) debemos tener un criterio amplio. Me queda claro que no debo volver a hacer chistes de esta naturaleza frente al profesor en cuestión, pero también considero que el pequeño pedestal de poder que da una cátedra universitaria no debe ser usado para la censura y mucho menos, debe castigar la creatividad.

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