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Chist! Les Luthiers hace reír una vez más a los mexicanos

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Ante un recinto lleno y atento, los viejos hazmerreíres triunfan una vez más en la Ciudad de México con Chist!, un show de risa curativa, en el Auditorio Nacional.

El show está conformado por varios números que han dado éxito a la agrupación argentina a lo largo de los años. Ópera, balada, rapsodias, tríos musicales, hip hop, un amplio dominio de diversos géneros y su tan característico sentido del humor conforman Chist!, la propuesta que trae Les Luthiers este 2016 a México, a cargo de los talentosos Carlos López Puccio, Jorge Maronna, Marcos Mundstock, Carlos Núñez Cortés, Martín O’ Connor y Horacio Tato Turano.

Comienza con la presentación de “Manuel Darío”, personaje que ha ya veinte años inició el trágico día en que decidió dedicarse a la música. Su maestra de primaria vislumbró por vez primera sus dotes y habilidades… era el más burro de la clase. Sin embargo, eso no lo desanima sino que por el contrario lo impulsa a seguir dedicándose a la música (pues de tantos años de cursar primero de primaria ya nadie lo soporta). Pese al éxito que cree tener, las vicisitudes de la vida parecen derrotarlo hasta que conoce a su terapeuta López Jaime (es decir, Oppenheimer) quien está convencido no sólo de las carencias musicales del personaje sino que descarta cualquier posibilidad de que tenga personalidad doble, como el artista teme… por más que Darío quiera, no llega ni a una sola.

Entre risas y aplausos el show continúa. El segundo número, “La Comisión”, es distribuido a lo largo de toda la velada. En él, el no muy talentoso músico Mangiacaprini es encomendado a cambiar la letra del Himno Nacional con el fin de hacerlo más actual y sencillo para los jóvenes, además de introducir un mensaje proselitista del partido Lista Azul, del gobierno en curso. En algún momento, a uno de los comisionados se le ocurre que si la primera estrofa se puede prestar para algo, también se puede vender, ante lo cual él conoce, al igual que los políticos implicados en los Panamá Papers, un despacho offshore a través del cual pueden hacerlo. La presión y compromiso con los que Mangiacaprini ejecuta la noble misión de cambiar la letra del Himno Nacional son un descanso entre los otros números y su conclusión, el cierre del show.

En tercer lugar se presenta “La Bella y Graciosa Moza…”, madrigal del maestro Johann Sebastian Mastropiero ante cuyo nombre el público aplaude, interrumpiendo la falsa solemnidad con que Marcos Mundstock hace de maestro de ceremonias. Este número es seguido por la canción ecológica “Sólo necesitamos”, a la que procede un fragmento de “La Comisión” y es seguido por la ópera, “La hija de Escipión”, en la que el personaje defiende a capa y espada el honor… y los honorarios de su hija.

El trío pecaminoso interpreta “El Bolero de los Celos”,  seguido del cántico enclaustrado “Educación Sexual Moderna”. El show lleva una cadencia que mantiene atento y participativo al público, que muestra empatía por la creatividad de los músicos y un particular cariño por el personaje de Johann Sebastian Mastropiero que al tan sólo ser mencionado por los músicos desata los aplausos y el ludismo del público, que interactúa con gritos interrumpiendo a los comediantes como queriendo molestar y mostrar cariño a la vez.

Los tres últimos números son la hematopeya “La Redención del Vampiro”, la rapsodia gastronómica “Encuentro en el Restaurante” y el RIP al rap “Los jóvenes de Hoy en Día”, en el que Puccio da todo de sí en el baile y la paródica y celosa manera en la que juzga y envidia la conducta de la juventud que se droga, que baila, que vive y que es feliz.

El público ovaciona a los músicos que dan un palomazo, un número de jazz no incluido en el programa, ejecutado con un piano y el bolarmonio, un curioso instrumento de viento con 18 pelotas que regulan la salida de aire hacia diversas lenguetas, creado por el artesano Fernando Tortosa, y controlado por Jorge Maronna.

La comedia de cada uno de los números es universal, se trata de un show cuyo humor, en términos de los músicos, “es sanador, es un buen recurso que tenemos los seres humanos para evadirnos un poco de la realidad o verla mejor de lo que es”.

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