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¿Calladito me veo más bonito? Pragmática y lingüística: los diálogos de Sancho en la segunda parte del Quijote

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Estudios del tema han concluido que muchas aproximaciones al lenguaje en el Quijote son todavía inadecuadas por no poder explicar la relación que existe entre el lenguaje usado, la función narrativa y la intención significativa que le corresponde.

Por su parte, los diálogos cumplen funciones particulares para comprender a los personajes y estructurar la novela. Ya que el narrador del Quijote juega con el lector dándole ya, pedazos de lo que “dicen que dicen” o “como lo puso el traductor”, no es completamente fiable por lo que la construcción de los personajes se hace principalmente a través de sus diálogos.

En ellos Cervantes delineó las ambiciones y el carácter de los personajes; a través de las intervenciones lingüísticas de Sancho sabemos de sus deseos de ser gobernador de una isla; sus planes de casar a su hija con un conde o caballero (II,II); pero también de la consciencia de su posición en la estructura estamentaria de la época: “yo no tengo don, ni en todo mi linaje le ha habido: Sancho Panza me llaman a secas, y Sancho se llamó mi padre, y Sancho mi agüelo, y todos fueron Panzas, sin añadiduras de dones ni donas” (II, XLV).

En los diálogos se emplean diferentes registros y niveles lingüísticos que hacen del Quijote un compendio de diversos estilos, tal como apunta Edmundo Ernesto Delgado:

Los niveles lingüísticos mostrados en esta novela están estrechamente relacionados con la diversidad de “mundos” bajo los cuales los hechos y personajes son representados y la correspondiente recepción que se tiene de ellos. Para cada mundo de referencia hay una diferente actitud hacia el lenguaje. En términos lingüísticos esta actitud es frecuentemente llamada estilo.

La pareja presentada por Cervantes difiere entre sí por su manera de hablar y entender el mundo: don Quijote es un hidalgo idealista, ferviente lector y defensor de la poesía; Sancho es un hombre de campo realista que conoce los refranes y el saber popular. Esta dupla tiene que hacer ajustes en su lenguaje para entender las realidades diversas que corresponden a un mismo referente, dadas la locura de don Quijote y el realismo de Sancho.

Entendidas estas diferencias lingüísticas desde un punto de vista pragmático, se puede caracterizar a los personajes por su competencia lingüística más allá de lo gramatical, es decir, por su capacidad de tomar turnos de palabra y hacer comentarios adecuados según el contexto. El acto comunicativo tiene fenómenos de hipercorrección, malos entendidos lingüístico-culturales, entre otros que son producto de una relación de poder.

De acuerdo con Coseriu, el concepto de competencia lingüística abarca tanto el conocimiento para codificar y decodificar mensajes lingüísticos, como también el uso correcto de estos mensajes en situaciones concretas, en los que se expresen y dejen entender intenciones comunicativas.

El propósito de este trabajo es analizar la función de los diálogos de Sancho Panza y don Quijote en la segunda parte de la novela, los registros lingüísticos usados por Cervantes para construir a los personajes y cómo los diálogos influyen en la estructura de la obra.

El trabajo se divide en cuatro partes principales: la primera atañe al lenguaje culto versus el popular; la segunda, a cuestiones pragmáticas en relación con la lengua y el poder; en la tercera se analiza la función de los diálogos en el contenido y la estructura narrativa; finalmente, en la cuarta parte, expongo mis conclusiones.

  1. Lenguaje culto versus lenguaje popular

Los registros lingüísticos que usa Cervantes en boca de sus personajes son diversos y tienen intenciones extrínsecas e intrínsecas al universo de la novela.

En un comienzo, don Quijote se expresa con fórmulas que son una parodia del lenguaje de las novelas pastoriles y de caballería. El uso de este lenguaje repleto de arcaísmos sirve para caracterizarlo como un loco; pero el autor no lo limita a esta forma de hablar sino que le da otros registros lingüísticos con los que alterna según las intenciones extrínsecas de la novela.

Por ejemplo, el lenguaje rebuscado se utiliza al principio para caracterizarlo, pero es sustituido por otro más vulgar (con intenciones cómicas) cuando el hidalgo experimenta hambre por primera vez y señala que “el trabajo y peso de las armas no se pueden llevar sin el gobierno de las tripas” (I, LIII). Más adelante, cuando comienza la interacción amo-criado, lo dota de un lenguaje más estándar (con la intención de no darle protagonismo al lenguaje, sino a los personajes).

Por su parte, Sancho domina los refranes y dichos populares: “Quien busca el peligro, perece en él”, “La codicia rompe el saco”, “El bien que viniere, para todos sea, y el mal, para quien lo fuere á buscar”, “Tripas llevan a pies, que no pies á tripas”.

Los diálogos de Sancho están cargados de realidad, de materialismo, frente al mundo idealizado, caballeresco y cortés que don Quijote construye en sus fantasías y en el mundo al revés que va creando al paso de sus aventuras en la segunda parte de la novela.

El realismo, simpleza e ingenuidad de Sancho, han hecho que sus diálogos e intervenciones se consideren un “ejemplo de viveza, gracia y donaire”, pues además de servir para conocer el refranero, son un recurso contrastivo de Cervantes para hacer cómica la novela.

 

  1. ¿Calladito me veo más bonito? Pragmática y lingüística

A lo largo de la obra Sancho comete una serie de tropiezos lingüísticos y pragmáticos que los demás personajes, particularmente don Quijote, no tienen empacho en corregir y hacer visibles.

Los diálogos y las cómicas correcciones lingüísticas que le hacen a Sancho permiten no sólo entender el carácter del personaje sino también comprender su génesis. Algunos autores consideran que el escudero está derivado de los personajes rústicos del teatro prelopista; otros, consideran que es un campesino de la tradición oral de los Siglos de Oro. Incluso  algunos autores le imputan una tradición carnavalesca.

Sin embargo, su gusto por hablar es la principal característica que lo hace romper con el paradigma del escudero, ya desde la primera parte deja claro que el “que yo no le hable cuando me diere en gusto es enterrarme en vida” (I,XXV). En repetidas ocasiones de la primera y segunda parte de la obra, Sancho habla cuando no le corresponde y es reprendido tanto por hablar como por cometer algún error gramatical: “Socarrón sois, Sancho”, “callad, Sancho” y “Personajes que no presonajes, Sancho”.

La contraparte a esta falta de competencia lingüística está en los refranes que conoce Sancho y que han despertado la atención de los filólogos desde el siglo XIX hasta la fecha, en los que se manifiesta la verdadera sabiduría de este personaje que, con los pies más puestos en la tierra que su contraparte ilustrada, sabe en qué momento citar expresiones repletas de sabiduría popular. Empero, en el universo de la novela no se le reconoce como tal:

¡O maldito seas de Dios, Sancho! dijo a esta sazón Don Quijote. Sesenta mil Sataneses te lleven a ti y a tus refranes; una hora ha que los estás ensartando y dándome con cada uno tragos de tormenta … Dime: ¿Dónde los hallas, ignorante; o cómo los aplicas, mentecato? Que para decir yo uno y aplicarle bien, sudo y trabajo como si cavase.

Por Dios, señor nuestro amo, replicó Sancho, que vuestra merced se queja de bien pocas cosas. ¿A qué diablos se pudre de que yo me sirva de mi hacienda, que ninguna otra tengo, ni otro caudal alguno, sino refranes y más refranes? (II, XLIII).

Como se verá más adelante, es hasta que Sancho adquiere otros registros lingüísticos y aprende la anacrónica pero culta manera de hablar de su amo que no solamente logra que su discurso sea pertinente sino que lo empodera. Usando este lenguaje culto, logra engañarlo para ahorrarse el trabajo de ir a buscar a Dulcinea y le hace creer a don Quijote que una mujer que va pasando es su amada, y que la percibe como una campesina maloliente por influjo de los encantadores.

 

  1. Función de los diálogos: contenido y estructura narrativa

El diálogo es un género literario del Renacimiento que originalmente tenía una función didáctica, pues lo más notable era el contenido del debate o las ideas que exponían sus interlocutores. Sin embargo, dentro de la novela y el cuento, el diálogo, además de aportar contenido e ideas, puede cumplir con cuatro funciones principales en la estructura general del texto.

Tiene las funciones rítmica, pues cuando intervienen los personajes el relato se hace más rápido; la argumental, cuando propicia el avance de la acción, como en el capítulo del caballero de los Espejos; la informativa, en la que lo narrado recae en la boca de los personajes, y la caracterizadora, que desde mi punto de vista es la que predomina en el caso del Quijote, pues es a través del diálogo que nos informamos del carácter de los personajes, sus circunstancias, ambiciones y la manera en la que se desenvuelven en distintos entornos.

Se han hecho muchos estudios sobre los diálogos entre don Quijote y Sancho, tanto como producto del diálogo renacentista como otros que hacen interpretaciones de carácter social. En cuanto a su origen literario, el diálogo cervantino podría considerarse derivado tanto de Erasmo como de Platón; sin embargo, Cervantes lo presenta dentro de un nuevo género literario donde cumple con más funciones que un diálogo tradicional, esto es la novela moderna.

En una aproximación más amplia sobre el tema, Elías Rivers habla de los muchos niveles heteroglósicos de los diálogos del Quijote con la finalidad de apuntar a un discurso social, pues finalmente, para eso existe la lengua. Los diálogos entre don Quijote y Sancho Panza son un ejemplo de diglosia y de cómo la heteroglosia opera entre las fórmulas canónicas (la prosa ciceroniana, la lengua culta de don Quijote) y el lenguaje popular de Sancho, para finalmente, empoderarse al aprender las fórmulas cultas:

Inicialmente, el miembro alfabetizado parece tener todas las ventajas: su variedad lingüística incluye no sólo su propia biblioteca renacentista, sino muchos de los dichos orales y citas latinas que Sancho Panza utiliza de una manera confusa. Pero el representante analfabeta de las clases bajas, finalmente, adquiere el control del idioma letrado de su amo y con él es capaz de convencer a Don Quijote que su señora Dulcinea está encantada, y por lo visto transformada en una campesina maloliente, que había estado enfrente de la Dulcinea de carne y hueso.

Además de su función caracterizadora, los diálogos cumplen una función estructural dentro de la novela. De acuerdo con Martín Morán, los diálogos cumplen una función semántica (al caracterizar), una función dramática (al dibujar el escenario) y la función narrativa (al sustituir al narrador). Un ejemplo, es la ínsula, que surge de la nada gracias a la potencia visiva de la palabra del caballero; y lo mismo podría decirse de su amada Dulcinea.

Cervantes crea motivos en los diálogos de cada personaje y se vale del uso de deícticos como “este”, “aquí” y “ahora” para relacionar las palabras con las cosas, cuando la realidad de Sancho (como los molinos de viento, en la primera parte) no corresponde con la de don Quijote (que ve gigantes). Los diálogos cumplen asimismo con una función teatral cuando los personajes presentan de modo oblicuo a los recién llegados. Por otro lado, los diálogos delimitan las esferas de acción de cada personaje, tal como sucede con Sancho en el capítulo II, 5 que el traductor tiene por apócrifo:

[…] «porque en él habla Sancho Panza con otro estilo del que se podía prometer de su corto ingenio, y dice cosas tan sutiles que no tiene por posible que él las supiese». [II, 5, 611] La esfera de acción que le asignan es la incorrección lingüística y la escasa inteligencia está ocupada por su esposa, así que a él no le queda más remedio que invadir la esfera de acción de su amo.

La aparición del “Quijote” de Fernández de Avellaneda fue una motivación externa para que Cervantes se adueñara de sus personajes en la segunda parte y los caracterizara según su psicología interna a través de sus diálogos, de este modo, la narrativa cervantina adquiere una dimensión inédita: la independencia de los personajes de ficción de los designios de su autor.

 

  1. Conclusiones
  • Tanto don Quijote como Sancho emplean diversos registros lingüísticos en sus diálogos que pertenecen a dos realidades distintas, inherentes al contexto estamentario de cada personaje. Empero, dentro de su universo particular, ambos son hablantes competentes.
  • Cervantes se vale de estas diferencias lingüísticas no sólo para dar una función narrativa y cómica a los diálogos, sino que a través de los diálogos también apunta las relaciones de poder que conlleva el lenguaje.
  • En el caso de Sancho hay una transformación lingüística, pues pasa de ser constantemente sermoneado por su manera de hablar a de hecho, dominar el registro culto y engañar a don Quijote.
  • Al ser la parodia de un escudero, Sancho rompe con los paradigmas de los personajes similares en la tradición literaria gracias a sus diálogos y su gusto por hablar.
  • En cuanto a la forma, los diálogos forman parte de la estructura general del texto sirviendo de conector entre capítulos como espacio para detallar la psicología de los personajes. El uso de los diálogos hace una ruptura con la tradición, pues ofrecen más posibilidades en la novela moderna.

 

 

Bibliografía

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Martín Morán, J.M., “Función del diálogo en el Quijote (I): Tres distancias deícticas”, en Cervantes, Vol. 13, pp. 89-107.

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Rivers, Elias L., “Two Functions of Social Discourse: From Lope de Vega to Miguel de Cervantes”, en Oral tradition, 2/1, 1987, pp. 249-259.

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