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Altazor, ¿vanguardia hispanoamericana?

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El creacionismo se considera la primera vanguardia hispanoamericana. Su estética se puede resumir con el poema “Arte poética”, en el que Vicente Huidobro plantea Que el verso sea como una llave / que abra mil puertas y que al crearlo se hace una resignificación del mundo por lo que El Poeta es un pequeño Dios. En su primer Manifiesto, Huidobro ahonda más en la estética de esta vanguardia; nos dice que el poeta: “Crea situaciones extraordinarias que jamás podrán existir en el mundo objetivo, por lo que habrán de existir en el poema para que existan en alguna parte”, de tal suerte que el poema adquiere dimensiones cosmogónicas. Las imágenes, situaciones y conceptos creados “son íntegramente inventados, sin preocuparse, en absoluto de la realidad ni de la veracidad anteriores al acto de realización”.

La tradición literaria considera a Vicente Huidobro como el inventor y máximo representante de esta vanguardia, que introdujo a España en 1919, y consiguió otros seguidores como los poetas Juan Larrea y Gerardo Diego. De acuerdo con palabras del propio Huidobro:

El creacionismo no es una escuela que yo haya querido imponer a alguien; el creacionismo es una teoría estética general que empecé a elaborar hacia 1912, y cuyos tanteos y primeros pasos los hallaréis en mis libros y artículos escritos mucho antes de mi primer viaje a París.

Sin embargo, esta afirmación resulta un tanto dudosa porque la plenitud de su obra se desarrolló estando en París, incluso se considera que el francés Pierre Reverdy, poeta cubista y surrealista, también fue uno de sus iniciadores.

En el presente ensayo analizo aspectos de los cantos I, IV y VI del poema Altazor, obra cúspide del creacionismo, a partir de sus similitudes con movimientos como el dadaísmo, el expresionismo y el surrealismo. Los aspectos analizados en cuanto a la corriente son la filiación comunista del movimiento vanguardista, la pérdida de la fe y el sentimiento de desamparo; y otros que tienen que ver con el manejo del lenguaje como las anáforas, la ruptura de la sintaxis, el uso deliberado de las palabras y las reglas gramaticales y la concepción del poeta como un dios. Para ello, realicé en primer lugar un esbozo de lo que significaron las vanguardias en el continente que las acuñó y, posteriormente, planteo las características del poema y las diferencias entre el creacionismo huidobriano y los elementos más sobresalientes de otros movimientos. Las conclusiones señalan que aunque el creacionismo suele considerarse una auténtica muestra de vanguardia hispanoamericana, en realidad está demasiado nutrida e influida por los movimientos que tenían origen en Europa antes y al mismo tiempo que Huidobro escribía su obra.

Los movimientos de vanguardia en Europa y América

Los movimientos de vanguardia tienen su cuna en Europa a principios del siglo XX. De acuerdo con uno de sus principales teóricos, Peter Burger, la vanguardia hace una autocrítica del arte como institución, pues está en contra del esteticismo que sostenía que bastaba con realizar “el arte por el arte”, es decir, el arte sin ninguna finalidad social.

Los artistas de vanguardia, señala Burger, en vez de caer en la crítica inmanente al sistema, como lo puede ser en teatro contrastar el periodo barroco con el neoclásico, criticaron el arte en su totalidad, no sólo de manera intrínseca sino también por cómo afectaba a la sociedad. De ahí que esté fuertemente vinculado al entorno social y que tome en cuenta las dos grandes guerras que asolaron a la humanidad; particularmente, la primera, que dio pie a la Revolución rusa, que planteaba una alternativa al mundo del capital, pretendía construir un proyecto socialista que por desgracia no tuvo el fin que se esperaba.

En el Canto 1 del Altazor se menciona la Primera Guerra Mundial y el influjo que tuvo en la fe de los hombres, mediante la idea nietzscheana de un dios muerto:

Un cañoneo enorme pone punto final a la era cristiana
El Cristo quiere morir acompañado de millones de almas
[…]
Soy yo que estoy hablando en este año de 1919
Es el invierno
Ya la Europa enterró todos sus muertos
Y un millar de lágrimas hacen una sola cruz de nieve
(vv. 103-116)

El poeta, cuya voz lírica se integra a la de Altazor mediante el uso de la primera persona: Soy yo Altazor el doble de mí mismo, se encuentra ante un mundo en ruinas. Tal como expresó Nietzsche en repetidos lugares de su obra, la idea de que Dios ha muerto se debe a las propias acciones del hombre, que lo han alejado de lo divino y a que el cristianismo, desde el punto de vista del Estado, es un concepto caduco pues ya no sirve para contener la conducta de barbarie:

Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado. ¿Cómo podríamos reconfortarnos, los asesinos de todos los asesinos? El más santo y el más poderoso que el mundo ha poseído se ha desangrado bajo nuestros cuchillos: ¿quién limpiará esta sangre de nosotros? ¿Qué agua nos limpiará? ¿Qué rito expiatorio, qué juegos sagrados deberíamos inventar? ¿No es la grandeza de este hecho demasiado grande para nosotros? ¿Debemos aparecer dignos de ella? […] ¿Pues, qué son ahora ya estas iglesias, más que las tumbas y panteones de Dios?”.

La vida se transforma en un descenso; los objetos son meros artefactos con que se expresa la sensación de caída. Cometas, estrellas, paracaídas, todos en descenso. No es coincidencia que tras la parte del canto que habla de la guerra el yo lírico clame por la figura de consuelo por antonomasia: Un ser materno donde se duerma el corazón/ Un lecho a la sombra del torbellino de enigmas/ Una mano que acaricie los latidos de la fiebre (vv. 146-8).

Autores como Walter Benjamin señalaban la necesidad de usar el arte como un arma de transformación social. En su famoso ensayo “La obra en la época de su reproductibillidad técnica”, Benjamin describe los cambios esenciales que sufre el arte a lo largo del primer cuarto del siglo XX, como la “pérdida de aura”, o sea, de singularidad; el arte pasa de ser contemplativo a masivo, por lo que el teórico apela a las nuevas tecnologías que permiten la reproducción de los objetos llamados arte, como las fotografías y los filmes, para despertar la conciencia social, ya que esta metamorfosis de lo que se considera arte permite que el arte sea político.

Los artistas pretendían que el arte no fuera solamente exhibido en museos sino que formara parte de la praxis vital, particularmente el surrealismo, que instaba al hombre a acceder al subconsciente a través de la escritura automática y la narración de los sueños. El espíritu de los movimientos de vanguardia es esencialmente moderno, dinámico y tiene sus bases en la negación de la tradición anterior, por lo que son vitalistas, jóvenes, rebeldes.

Octavio Paz señala que uno de los primeros hijos de la Modernidad es el Romanticismo, que pese a negarse a lo racional, característica de lo moderno, al exaltar los sentimientos humanos, no deja de ser moderno porque justo en su sentido crítico de negación se encuentra su origen. La vanguardia se puede ver como una segunda instancia de crítica a la razón exacerbada de la época moderna y su lógica cultural, que fue propiamente la capitalista.

Las vanguardias, pues, son la negación máxima de la era moderna, e irónicamente son su cúspide y última consecuencia; se les considera un parteaguas entre la sociedad capitalista y la del capitalismo tardío, a la que corresponde otro tipo de arte: el pop, el que cedió al capital y lo integró ya sea de manera irónica o no, en su propio cuerpo. El ejemplo más claro son las latas de sopa Campbell de Andy Warhol, sus retratos a colores de Elvis Presley, Marilyn Monroe y Elizabeth Taylor, así como sus Zapatillas con polvo de diamante. Jameson señala que esta colorida imagen de las zapatillas de Warhol representa lo posmoderno mientras las Botas de campesino, de Van Gogh, desgastadas, viejas y de color café representan lo moderno en sus inicios. Son la representación del ocaso de la vanguardia y la prueba gráfica de que sus objetivos de cambiar al mundo no rindieron ningún fruto.

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Huidobro no fue ajeno en a estas ideas y dedica a sus ideas comunistas un lugar especial de su obra; escribió el Discurso “A los trabajadores” dirigido al pueblo español que reivindica la paz y la igualdad de clases y dedica a sus ideas comunistas unos versos del primer canto del Altazor:

Mirad esas estepas que sacuden las manos
Millones de obreros han comprendido al fin
Y levantan al cielo sus banderas de aurora
Venid venid os esperamos porque sois la esperanza
(vv. 117-120)

En Hispanoamérica las manifestaciones de vanguardia son tardías y no tuvieron mucho eco. Mientras que en Europa ocurrieron en la primera década del siglo XX, en América se dieron de 1920 hasta 1940. En Estados Unidos, el equivalente de los movimientos de vanguardia tiene el nombre de modernism. No hay que confundirlo con el modernismo hispanoamericano, pues corresponde a momentos diferentes. Sus primeros autores como Ezra Pound, James Joyce y F. Scott Fitzgerald abrieron camino a la posterior generación beat, algunos de ellos participaron en la Segunda Guerra Mundial, experiencia que los trastocó e influyó en su obra. Obras como Naked Lunch de William S. Burroughs y On the Road de Jack Kerouac abordan temas como el consumo de drogas, un sentimiento general de desamparo y otras realidades que posteriormente darían lugar a la contracultura, la liberación femenina y el movimiento hippie. En México existió el estridentismo, cuyo manifiesto fue lanzado por Manuel Maples Arce, que posteriormente ejercería una gran influencia en la novela Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño.

Similitudes y diferencias del Altazor con las otras vanguardias

El futurismo se caracterizó por su vigor, agresividad e incluso por su misoginia. En su manifiesto, Marinetti hace una exaltación de la violencia: “Queremos glorificar la guerra –única higiene del mundo– el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los libertarios, las bellas ideas por las cuales se muere y el desprecio de la mujer”, por lo que se le llegó a identificar con el fascismo. Uno de los elementos de su poesía es la ruptura de la sintaxis, tal como ocurre con el poema de Huidobro, particularmente en el Canto VI, en el que no se sabe si algunos sustantivos funcionan a modo de verbos: Viento flor / lento nube lento / Seda cristal lento seda, así como en el Canto I funcionaban a modo de adjetivos: La luna niño de luz se escapa de altamar; incluso los poemas de Marinetti tienden a usar anáforas como refuerzo sonoro, tal como ocurre con la palabra ‘caer’ en el Canto I del poema de Huidobro y la palabra ‘ojo’, en el IV.

Al igual que la poesía cubista de Guillaume Apollinaire, la poesía futurista también se valió de caligramas en los que el aspecto visual tiene relevancia en la interpretación del poema; en el Altazor se puede apreciar la noción de caída por la disposición con las que se lee, hacia abajo, e incluso en el Canto IV hay juegos en los que el contenido del poema se parece a su grafía:

Ojo por ojo
Ojo por ojo como hostia por hostia
Ojo árbol
Ojo pájaro
Ojo río
[…]
Ojo dolor por ojo risa
(vv. 56-68)

Huidobro llegó a escribir caligramas, un ejemplo es su poema del “Triángulo armónico” que habla de la princesa Thesa. Asimismo, del cubismo prevalece en la poesía huidobriana el fragmentarismo y la espontaneidad con los que el poeta expresa sus emociones.

Una de las vanguardias más reproducidas y estudiadas es el surrealismo; quizá porque interpelaba directamente a los espectadores, dialogaba con cuestiones más universales, como el inconsciente. Usó las teorías de Freud para explicar aspectos del ser humano que resultan sumamente atractivos todavía en nuestros días. Sus recursos fueron la reseña de los sueños y la escritura automática, que consistía en la narración espontánea de sucesos o palabras al azar con la finalidad de lograr una liberación del lenguaje, de manera que llegó a ser criticado porque sus productos finales no están corregidos ni acabados, y no se pueden considerar obras de arte perfectas.

Sin embargo, es la vanguardia que cumplió en mayor medida la premisa de incidir en el entorno, pues se acercó más a la praxis vital. En Altazor se logra esta liberación del lenguaje, que se presenta desnudo de muchas de sus reglas gramaticales. Particularmente en el Canto VI, en el que todavía aparecen palabras que aunque como paradigmas poseen un significado, lo pierden en su aspecto sintagmático, es decir, que no forman oraciones con reglas sintácticas establecidas sino que se emplean arbitrariamente y el lector las significa en su subconsciente, las asocia con otros sonidos, de modo que la interpretación más que semántica, es fónica.

 

Sin duda el surrealismo le debió en gran medida este recurso al dadaísmo, en cuyo manifiesto de 1918 Tristan Tzara proclamaba que “DADA NO SIGNIFICA NADA”, que “DADA es la insignia de la abstracción” y es “abolición de la lógica, danza de los impotentes de la creación”. Por lo que el influjo de esta vanguardia sobre la huidobriana se ve claramente en el Canto VII, en el que desaparece por completo toda regla, hay una vuelta al lenguaje primitivo en el que no hay palabras, solamente sonidos.

Huidobro, contrario a aceptar el influjo dadaísta, llegó a mencionar que “En Tristan Tzara encuentro poemas admirables que están cerca de la más estricta concepción creacionista. Aunque en él la creación es generalmente más formal que fundamental”.

No es descabellado señalar que el mayor rasgo diferenciador del creacionismo con respecto a las otras vanguardias no radica en la estética intrínseca del poema sino en la concepción extrínseca que sostiene que el creador es una especie de divinidad. En su ensayo “La creación pura”, publicado en 1921, Huidobro sostuvo que: “Esta idea de artista como creador absoluto, del Artista-Dios, me la sugirió un viejo poeta indígena de Sudamérica (aimará) que dijo: ‘El poeta es un dios; no cantes a la lluvia, poeta, haz llover’.” Pero fuera de este rasgo las barreras estéticas del creacionismo se difuminan entre las del surrealismo, el dadaísmo y el cubismo.

Conclusiones

A lo largo del ensayo se han sentado los siguientes puntos, a los que añado algunas observaciones finales:

  • Todas las vanguardias europeas perseguían propósitos comunes y compartían características, de las que también el creacionismo formó parte.
  • Las vanguardias que surgieron en el continente americano en una primera instancia imitaron a las europeas, pero sus manifestaciones posteriores se volvieron más auténticas y reflejaron realidades sociales propias.
  • Pese a las afirmaciones de Huidobro, es evidente que el creacionismo surgió en Francia y está más nutrido por las vanguardias europeas que por elementos procedentes de una tradición netamente hispanoamericana; no obstante, se diferencia de ellas, pero estas distinciones surgen como inmanentes al sistema, es decir, que en cuanto a la estética no aporta elementos nuevos y su máxima distinción, lo que la define, es el manifiesto implícito de sus obras que asevera que el poeta es una especie de dios.
  • La única razón por la que esta vanguardia se considera hispanoamericana es que el autor lo era, sin embargo, se desarrolló en París y no repercutió grandemente en la cultura americana, excepto en el círculo letrado, a diferencia del modernism estadounidense en el que sí hubo una concatenación de situaciones socioculturales (como los hippies) que se identifican claramente con esta literatura.
  • En todo caso, hay que considerar que América no conoció una vanguardia como la europea porque nos era un movimiento ajeno; las manifestaciones tardías de nuestra literatura que se consideran vanguardistas han de verse como un esfuerzo más por encajar en patrones literarios que nos corresponden solamente a medias.

Bibliografía

BENJAMIN, Walter, 1936. “La obra en la época de su reproductibillidad técnica”, en Discursos Ininterrumpidos I, Buenos Aires: Taurus.
BURGER, Peter, 1987. “Vanguardia como autocrítica del arte en la sociedad burguesa”, en Teoría de la vanguardia, Barcelona: Península.
HUIDOBRO, Vicente, 1916. El espejo de agua. Buenos Aires: Orión.
__________________, 1931. Altazor; con un retrato del autor por Pablo Picasso, Madrid: Compañía Iberoamericana de Publicaciones.
__________________, 1925. Manifiesto 1, Biblioteca Virtual de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. Consultada el 30 de abril de 2014.
http://www.vicentehuidobro.uchile.cl/manifiesto1.htm
JAMESON, Fredric, 2001. “La lógica cultural del capitalismo tardío”, en Teoría de la posmodernidad, Madrid: Editorial Trotta.
Manifiestos, proclamas y polémicas de la vanguardia literaria hispanoamericana, prólogo y notas de Nelson Osorio T., Perú: Ayacucho, 1988.
MARINETTI, Filippo, 1909. Fundación y manifiesto del futurismo. Trad. Ramón Gómez de la Serna, en Prometeo, 6, 65-73.
NIETZSCHE, Friedrich, 1967. La gaya ciencia, Chile: Edaf.
PAZ, Octavio, 1974. “El ocaso de la vanguardia” en Los hijos del limo, en Obras completas, Tomo I. México: FCE.
TZARA, Tristan, 1963. Siete manifiestos dadaístas. Trad. De Huberto Haltter, Jean Jacques Panver Ed.

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